sábado, 19 de abril de 2008

Highway 61 Revisited

--Aquí no hay poesía--

Una amiga me dijo una vez que las frases trilladas no son del todo inútiles: esconden una serie de verdades-sinceras-evidentes que, no obstante, podríamos dejar de lado si no somos cuidadosos. Hay que agregar, además, que la literatura no da mucho espacio a la honestidad. No todo el tiempo.

Digo esto porque entonces frases como “la conocí en primer ingreso”, o “conocimos los mismos profesores” o “nos gustaba el mismo disco de Iron Maiden”, no hacen literatura. Pero tampoco conozco otra forma de describirla y, al mismo tiempo, hacer evidente que me gustaba bastante.

Alguna vez se lo dije. No recuerdo que respondió ella; el tiempo había pasado, el contacto entre nosotros se había perdido. Pero sí recuerdo que la noche que se lo dije no tenía nada de especial y que, en alguna manera, la confesión había hecho mi cabeza más liviana.

Y sin embargo, después de aquella noche, perdimos contacto de nuevo. Nunca hubo una cita, una salida para tomarnos algo. Quizá era demasiado ingenuo, quizá me gustaba tanto que le tenía miedo. Pasaron los meses contados en progresión musical. Tuve la oportunidad de decirle que me gustaba una segunda vez: ella tenía novio.

Fui a su casa poco después de eso. Nos sentamos frente a frente. Mientras yo pensaba en cómo sería darle un beso, ambos confiábamos en el otro nuestros secretos. Y tal vez porque entonces todavía era joven y poco atrevido no me di cuenta, hasta esa noche, que lo que uno piensa nunca es lo que uno dice.

Flash forward. Ella queda embarazada. Ahora tiene un hijo increiblemente adorable y ambos se ven extremadamente felices en las fotos. De los que éramos entonces queda poco, nada. Y eso es todo lo que sé. Hay más de la historia, pero eso es lo que de alguna forma he querido recordar. Porque se sabe que aquello que se recuerda es lo que nos ha marcado: lo que hace que nuestra vida sea un poco trillada.

No sé bien como expresar ahora todo lo que sentí aquellos meses en los que aparecíamos y desaparecíamos. Ahora que releo lo que he escrito, creo que no he logrado decir lo que verdaderamente quiero. Pero el lenguaje siempre es insuficiente y eso es una verdad bíblica. Lo que intento decir tiene forma de carretera y de algo que se aleja y que sé nunca voy a recuperar.

3 comentarios:

Juan Murillo dijo...

Tanto duele lo que hicimos y ahora se pierde en el horizonte del tiempo destructor que arrasa con todo, como lo que no hicimos y nos carcome en ese otro horizonte que es la imaginación de vidas posibles que no vivimos. El resultado de ambas operaciones es inevitablemente el mismo, porque tanto los sueños como los recuerdos estan hechas de la misma irrecuperable materia, inalcanzable desde acá, encerrados como estamos en la celda del presente que nos arrastra sin piedad hacia el vacio.

www.lafotosaliomovida.com dijo...

Saludos Lucho. Buen paint ball.

Marcos dijo...

Me he sentido muy identificado con algunas ideas.