martes, 10 de junio de 2008

Nunca fui un buen estudiante

Un amigo me preguntó hace tiempo si había leído a Borges. Luego aclaró: si había leído bien a Borges. No sé que quiso decirme entonces con la pregunta; El Aleph, por ejemplo, hace que me revuelque en el piso de la risa. ¿Sería esa una lectura adecuada? La muerte y la brújula me aterra y El Sur es mi cuento favorito. ¿Estoy bien, entonces?

Supongo –porque suponer es un poco lo que hacemos todos- que X quiso decirme si había entendido a Borges. Éste (Borges, aclaro) era un asiduo lector de la filosofía y no es raro encontrarnos lineamientos filosóficos en sus cuentos. Tlon Uqbar Urbis Tertius y La biblioteca de Babel son sólo unos ejemplos; yo, bueno, “supongo”, que Borges escribió esos cuentos para explicarse a sí mismo la filosofía que tanto le fascinaba; que existía una intención. Yo me atreví a decir que conocía lo que Borges se había animado a plantear con esos cuentos, pero no que los “comprendía”. Si lo hiciera, quizá ya no me gustarían tanto: en mi caso, siempre debe haber algo oscuro en un texto para que me cause la relectura.

Dylan Thomas tiene una frase que no recuerdo bien cómo va, pero que dice algo así como que en todo texto literario, la “parte mágica” –que yo interpretaría como la parte que obliga al lector a decir “fuuuuuuck” y releer la línea un par de veces-, es el resultado de algo arbitrario. Es decir, que el escritor no tiene control sobre ese aspecto de su escritura; sólo se da, con suerte. Claudio Bertoni, por otra parte, decía que la escritura no es más que un ordenar palabras: a veces funciona, a veces no.

No supongo que la literatura venga de un momento de inspiración, pero tampoco creo que cada quien tenga un motivo a la hora de sentarse a escribir. Bukowski decía -¿Era Bukowski? Sin duda me estoy equivocando- que la persona que se sienta a escribir y piensa “ahora voy a escribir un poema” es un reverendo zoquete: nadie puede controlar eso. “Ahora voy a sentarme a escribir esto”. No sé si será lo mismo con un cuento. Con una novela debe haber más intención, sin duda, o eso creo. Nunca he escrito una novela.

No sé a que punto me lleva esto. Hay una anécdota que dice que Borges se sentaba y escribía el mismo cuento una y otra vez hasta que le quedara perfecto. Entonces, cuando ya estaba lo mejor que podía estar, le insertaba un error: para que creyeran que su escritura era espontánea.

Igual, me parece que la “parte mágica” que tienen los cuentos y los poemas de Borges es algo que se escapa de él mismo, sin importar lo bueno que fuera. Efectivamente, él podría haber actuado de la forma en que la anécdota lo describe y, sin embargo, la parte que nos hace seguir releyéndolo es algo arbitrario’; que no está ahí. Algo sobre lo que quizá nunca tuvo control. Y eso no tiene nada de malo. Borges diría: “esas cosas, acaso, hacen el poema”.

Eso es todo. ¿Me puedo ir ya?

4 comentarios:

Juan Murillo dijo...

La anécdota de la reescritura yo la recuerdo de Isaac Babel, que a veces tenía hasta 40 borradores de un sólo cuento. Esto no es usual, pero únicamente por lo desprporcionado del esfuerzo.

Toda (casi toda) escritura lleva incluido un filtro de autocrítica que hace al escritor fluctuar rápidamente entre los modos lector/escritor mientras produce una pieza. Todos los escritores que conozco (excepto César Aira) autoeditan sus trabajos con mayor o menor escrúpulo, de modo que el trabajo final es más limpio, más poético, más eficaz que el borrador inicial. Sería sorprendente encontrar a alguien a quien le salgan bien las cosas a la primera, un Mozart, digamos. La prosa de Borges, por otra parte, tiene toda la pinta de estar trabajadísima, quizá por eso solo escribía cuentos.

keylíng dijo...

la autocrítica es un poco complicada.

^_^

William Eduarte dijo...

y bueno
borges tenia toda la pinta
y no
jeje

Alexánder Obando dijo...

Escribir sin un proyecto o con uno se vale. Pero cuando el hecho en sí comienza, todos los planos y recetas prefabricadas pierden su eficacia. Algo sucede: el cuerpo entra en automático y ya no se corrige a posteriori sin que se va haciendo por contención. (Parecido a lo que dice Juann de que el autor va siendo, a la misma vez, lector). Sin embargo, una concluido este proceso automático, hay que enfriar el equipo, poner telebasura (para no pensar) llamar a los amigos (para divertirse) etc. etc.

Pero luego llega el momento estoico o divertido, según se vea. Lo sí me parece inexorable es la obligación de "trabajar" el texto hasta que parezca, natural, limpio, no trabajado; en otras palabras, hacerlo parecer fácil.

Y en cuanto a NO corregir, siento que Mozrt está sobrevalorado. Escribió 41 sinfonía. Hoy día escuchamos con cierta regularidad la 25 y las tres últimas. Y las demás?? Van de la punta del cuerno del Rinoceronte de Ionesco.
Otro ejemplo: Jehová el demiurgo. Un solo intento y vean el cacquero de mundo que nos dejó.