Uno de los poemas que no entró al libro. (¿Cuál libro?).
Como éste, muchos.
Sólo que éste me dio risa releerlo:
Mi abuela nunca leyó a Kavafis
I
Yo tenía cinco cuando arrojaron
a la abuela por las gradas.
Ella rodó escalón abajo
mientras recitaba a Mallarmé:
"La poesía está hecha de imágenes".
Para ella, cada imagen nueva
era más contundente que la anterior.
La abuela voló por la ventana
y fue a caer directo al cementerio.
Entonces no dijo nada.
Todos nos vestimos de rojo para su funeral.
A mi abuela la enterraron a los dos metros y medio.
Por bocona, dijo mi mamá.
Por si acaso, dijo mi papá.
Pero pronto la echaron de la sepultura,
por perturbar el sueño eterno de sus vecinos.
Y nos quedamos en la cuneta
esperando que le abrieran por las buenas.
De un árbol colgaba su vestido de bodas
y una foto del abuelo.
II
La abuela es exhibicionista por naturaleza:
sus huesos se dejan ver desde el bus Sabana – Cementerio.
Hoy esos huesos se descuelgan de la parcela
y se van de la mano con los niños que pasan.
No les importa nada la madre que los parió.
Mi abuela, quien en vida nunca se probó
un bikini de dos piezas,
con las piernas al aire tiene una rajita en el medio:
un ojo para la Avenida Diez.
De inmediato, la policía acordona el lugar
y manda a los fisgones para la casa.
(Todo está estrictamente planeado)
Ahora nadie visita la tumba de mi abuela
olvidada a un costado del Cementerio General:
su cuerpo reposa en una ornamenta de vidrio
y le han prohibido salir por las noches.
Queda su epitafio en una pared del Nuevo American:
Gladys Mora, a quién sólo la paca detuvo.