domingo, 22 de noviembre de 2009

1 + 1

Welcome to Comala

Los hijos de la revolución están aquí
para reclamarte sus muertos, sus desaparecidos:
la multitud una espada rota a la mitad
por la fortuna de la existencia, o del azar.

La ciudad trae el susurro de guerras antiguas,
antes del desengaño y sábanas manchadas,
como un bote perdido en aguas extranjeras,
o el minotauro asediado en su laberinto.

Quizá Borges estaba en lo cierto y el perdón
se encuentra más allá de la capacidad humana:
nunca la música de las esferas suena tan brillante,
tan incansable o increíblemente cruel, como en el tacto
del prójimo, quien desenfunda su pistola y transforma
la muerte en un puñado de polvo bajo el sol del desierto.


Graffiti encontrado en Versalles


Nada existe sino en sueños,
donde mi lujuria es salvaje e incontrolable
y un niño llora tras una puerta cerrada.

La multitud bajo el balcón pide mi cuello
a cambio de su pobreza. La palabra castigo
está escrita en sus lenguas, como una plegaria:
no existe rey sin la fuerza de su pueblo
no existe pueblo sin la fuerza de su revolución

El fulgor de sus antorchas parte el cielo
como un pájaro salido de los infiernos.
(La justicia del pueblo es la justicia de Dios).

Entonces, mientras me visto para hacer frente a la fortuna,
comprendo que esto también es un sueño:
y cierro la puerta, y lloro.