El amante
Ahora que su imagen golpea mi memoria,
ahora que poseo está página en blanco y pienso que es su cuerpo
y la veo consumirse frente a mis ojos, admito
que he realizado actos impuros, que he desacralizado su carne,
y que borré cualquier rastro de pureza o sanidad de su alma.
Y si bien es cierto que soy un monstruo,
que entre estas sábanas me la comí entera,
también es cierto que ella nunca dijo una palabra,
que muda dejó que yo poseyera el centro de su sexo
y que sólo imploró a dios
cuando ya no podía soportar más.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada