jueves, 26 de noviembre de 2009

# 51 024

Consejos para una joven poeta

Escribe porque estás sola, devastadoramente sola,
y todas las luces en la ciudad se han apagado
como libélulas muertas, o como la ceniza que fuiste
alguna vez sobre su cama, y su pene era un faro
que intentaba mostrarte el camino hacia tu hogar.

Escribe porque no hay mano que te consuele;
porque la misma mano que alguna vez sostuvo la tuya
es ahora la que apaga el interruptor, abre la puerta
y te invita a entrar.

Jaime Gil de Biedma da un consejo a Luis Chacón

Oscuro como la tumba en la que yace tu enemiga,
la enemiga que vos y yo conocemos y de la cual te rehusás hablar
cuando apagás las luces, te quedás desnudo sobre el colchón
y recordás una mancha, una mano,
una mancha sobre la mano que parecía una horca,
su ropa interior sobre tu cama.

Entonces caminás por la calle con ella adentro tuyo
como una joya una penetración o un poema arrugado en tu bolsillo,
y jugás a que nadie puede oírte decir su nombre.
Cada paso una nota para cada letra.

Todo día mata mil palabras. Este amanecer, como lo ves ahora,
ya lo ha visto todo antes, y las sílabas que ahora pronunciás
ya han sido enunciadas. Nada más egoísta, entonces,
más gastado, que decir yo, ella,
ella y vos, corazón.